En una carta Napoleón Bonaparte se dirige a su futura esposa, a la que llama “incomparable Josefina”, por una acalorada pelea que la pareja tuvo la noche anterior, motivada, según se ha pensado tradicionalmente, por las supuestas averiguaciones del general francés sobre las riquezas familiares de su amada
Napoleón rechaza las acusaciones de la mujer -“¡Habéis entonces pensado que yo no la amaba por usted misma! ¿Por quién si no?”- y le reprocha sus pensamientos -“¿Cómo un sentimiento tan bajo ha podido ser concebido por un alma tan pura?”.

Especialmente romántica es la despedida:

“-Yo te doy tres besos, uno sobre tu corazón, uno sobre tu boca, uno sobre tus ojos.-“